Es lo que tiene seguir creyendo que la generosidad es
posible, lo que ocurre cuando esperamos que alguien se comporte de una
determinada manera porque, en nuestro fuero interno, así lo hemos visualizado.
Esa situación cotidiana que nos sorprende porque ya no es como siempre había
sido…
Quizás esperamos que los demás actúen en una determinada
situación de la misma manera en que nosotros nos comportaríamos, sin darnos
cuenta de que el baremo aplicado no tiene porqué ser el mismo. ¿Ejemplos? A
patadas, pero cuando escribo el post diario siempre tengo en mente el hecho que
ha servido de detonante para el título y el contenido, así que contaré lo que
quiero contar dejándome de tanto prolegómeno.
Una de las formas en las que mi inquietud intelectual tiene
satisfacción es asistir a conferencias. Conferencias o coloquios o encuentros
públicos con personas que conforman la elite del conocimiento. Léase filosofía,
literatura, espiritualidad, ciencia, bellas artes o humanidades en general. Y
esta ciudad nuestra no se queda a la zaga de ninguna otra a la hora de
proporcionar al ciudadano este alimento peculiar.
Acudí pues, al “diálogo” que propició el insigne Pedro
Miguel Echenique con el público en una charla amena, distendida y completamente
participativa que fue un regalo en todos los sentidos. Desde aquí las gracias a
un señor que hizo “parada y fonda” en Donostia de camino a Oviedo para la
entrega de los premios Príncipe de Asturias de Investigación de este año. Dudo
mucho que defraudara las expectativas de ninguno de los asistentes al centro
cultural Ernest Lluch entre los que me encontraba.
Con parecida y similar esperanza acudí ayer tarde a la
Universidad de Deusto en Mundaiz a la presentación que haría Eduardo Galeano de
su último libro –que llevé bajo el brazo con la ilusión de conseguir una
dedicatoria autógrafa. Más de cuatrocientas personas estuvimos ayer entregadas
y en silencio devoto mientras el Sr. Galeano fue desgranando su nuevo libro
literalmente. Es decir, que sin preámbulos, introducción o comentarios
adyacentes, LEYÓ durante más de una hora páginas y páginas de su nueva entrega
editorial.
Ya se sabe que el público donostiarra es educado, agradecido
y tiene por costumbre premiar con aplausos discretos cualquier decepción que se
le pueda inferir y así fue efectivamente. Con voz monocorde, sin énfasis
alguno, el Sr. Galeano vendió su libro, cumpliendo –supongo- con sus
compromisos de promoción editorial. En la prensa local no había salido ninguna
entrevista con él previa a la cita vespertina, tan sólo el anuncio de su
comparecencia pública.
Sin coloquio, sin preguntas, sin posible participación
alguna por parte del público, al final de su lectura se ofreció a firmar los
ejemplares de su libro (indicando que “sólo” del libro publicitado) a quienes
quisieran. Quisieron más de cien personas que, libro en ristre gracias a una
oportuna red de librerías que había colocado su chiringuito a la puerta del
lugar, hicieron cola durante más de una hora para conseguir el garabato
dedicado de su firma “personalizada”.
¿Por qué mi decepción y por qué la expreso aquí? Pues porque
Eduardo Galeano nunca había formado parte de la caterva de oportunistas que
escriben para vender en vez de para compartir, porque siempre ha sido un
“luchador de la palabra” defendiendo sus pueblos latinoamericanos, los derechos
de los sometidos, llevando la palabra de los lugares del mundo que la sinrazón,
la maldad y el oprobio han pisoteado a otros foros donde se pueda expresar el
ser humano en libertad.
Con mi libro en el bolso, salí de la pequeña turbamulta
editorial de ayer sin la firma del autor en el mismo. Y no me importa nada,
porque la decepción va a pesar más en mi recuerdo que un autógrafo deslavazado,
aunque sea de un señor de fama mundial.
En fin.
LaAlquimista
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