Últimamente oigo hablar mucho del respeto que nos debemos
los unos a los otros, de cómo comprender a los demás, no juzgando sus ideas,
opiniones, actos u omisiones porque sean diferentes a las nuestras. De hecho,
las personas que más me hablan últimamente de respeto suelen son precisamente
las que más critican mi forma de ser, las que más juzgan mi comportamiento y
las que me cierran las puertas por no estar de acuerdo con la manera en que
tengo de encarar la vida.
Y me choca mucho, la verdad. Porque las teorías las
conocemos todos, vienen en los libros de autoayuda, en los artículos de opinión
de los suplementos semanales y ahora cualquiera se atreve a pontificar acerca
de lo que son los valores humanos y de cómo acceder a ellos.
Sí, estoy muy sorprendida de tener que padecer en mis
propias carnes llamadas de atención, críticas y denuestos, malas caras y lo que
es peor, sermones de la montaña hablados y escritos a mi provecta edad.
Pero… ¿qué es el respeto exactamente? ¿Un valor que exijo se
me aplique y que me voy a negar a aplicar a los demás?
Respeto a uno mismo, es aceptarse de buen grado, con las
emociones, sentimientos, opiniones y formas de actuar que conforman la
personalidad de cada uno; lo que se activa ante sucesos del entorno, sea esto
del cariz que sea. Sí, respeto es ACEPTAR como propias las ideas, los gustos y
las preferencias que detectamos en nosotros ante las múltiples y variadas
situaciones de la vida, así como las acciones verbales –todo lo que decimos- y
las no verbales –todo lo que hacemos, como una elección libre y consciente,
preparándonos para ASUMIR las posibles CONSECUENCIAS inmediatas o posteriores
que nos podrían sobrevenir por el hecho de haber dicho o hecho tales cosas.
El RESPETO A UNO MISMO es una condición imprescindible para
CONSERVAR LA PROPIA ESTIMA y un factor protector ante cualquier agresión
natural y/o social, lo que constituye un factor protector de nuestra SALUD
INTEGRAL, física y mental. Por otra parte, el respeto a uno mismo conlleva
fácilmente el respeto a los demás, lo que favorece la prevención de conflictos
con “los otros”, conocidos o desconocidos y la mejora de las relaciones
sociales con amistades, familiares y conocidos.
RESPETAR A LOS DEMÁS es ACEPTAR los sentimientos, emociones,
gustos, preferencias, ideas, opiniones y comportamientos de los otros.
¿Qué fácil, verdad?
No obstante, habría que hacer un par de puntualizaciones
importantes:
a) Respetarse a sí mismo no quiere decir que uno se puede considerar con
derecho a dañar o perjudicar a los demás y no recibir consecuencias
desagradables por ello: exclusión al rechazo social, sanciones económicas,
penas de cárcel, etc.
b) Respetar a las demás personas no quiere decir que se deba considerar
que otras personas puedan dañar, molestar o perjudicar a los demás y no recibir
consecuencias desagradables por ello: exclusión o rechazo social, sanciones
económicas, penas de cárcel, etc.
Si esta teoría nos parece válida, no tenemos más que
aplicárnosla y contribuir a crear un mundo respetuoso, lleno de valores y, qué
duda cabe, mucho más agradable para todos.
Si esta teoría parece complicada o retorcida… habrá que
buscar la que nos satisfaga más, siempre que no sea la típica (y tan extendida)
ley del embudo: “lo ancho para mí, lo estrecho para ti”.
En fin. Que se note que aprovecho las clases de Inteligencia
Emocional de los martes…
LaAlquimista
Por si alguien desea contactar:
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