Me atrapa la noticia que da cuenta de las palabras del
insigne premio Nobel de Literatura, con las que presenta su nuevo ensayo “La
civilización del espectáculo” diciendo que: la cultura vive en la canalización
y la frivolización permanente. Me llega, por un lado, las ganas e interés
de leerlo y por el otro el mal sabor de boca con la constatación de lo que
durante tantos años hemos estado padeciendo, con indignación primero, con
tristeza irremediable después.
Quiero reservarme, sin leer las entrevistas conducentes a la
publicidad del ensayo en cuestión, para sumergirme a nadar en la superficie de
las palabras del Nobel. No voy a bucear –porque no sé- en sus hondos
pensamientos ni mucho menos en sus razones ocultas (que tendrá que haberlas
también), sino a recopilar más razones, a estudiar y aprender cómo explicar a
mis nietos –supuestos y esperados futuros nietos- que lo que llamábamos CULTURA
con mayúsculas, pasó a ser un espectáculo penoso en muchas ocasiones, desvirtuando
el concepto, la esencia y el fundamento de la misma.
Ya he comentado muchas veces que he sobrevivido sin
televisión. Hasta ayer mismo, como quien dice, puesto que, si bien compré una
pantalla bastante grande para visionar el cine que me apasiona, tenía sin
sintonizar los canales de televisión (excepto el canal Art francés que me lo
dejó instalado el técnico que vino a colocarme el aparato hace unos meses). Así
que, teóricamente, ya tengo televisión. En la práctica, me niego a tenerla y es
como si no la tuviera porque no la pienso encender y seguir con mi ascetismo
televisivo en el que llevo sumergida exactamente desde el día en que abandoné
el hogar de mis padres, hace ya de esto, la friolera de treinta y siete años.
Jamás he visto Gran Hermano. Ni un solo programa. Ni un solo
(des)Informe Semanal. Y los telediarios los uso para hacer chistes sobre el
tiempo que les queda por estar juntos a una pareja que se lleva a tortas. No
tengo iconos en mi imaginario particular, como no sean los que saco de las
pequeñas incursiones en exposiciones de arte ¿?, visitas a Museos allende las
fronteras, o lecturas continuas –aunque no siempre bien encaminadas- de lo que
está pasando en el mundo.
Internet me provee de toda la información que preciso y que
quiero que entre en mi cerebro. Internet me permite separar el grano de la paja
y leer a profesionales independientes, a pensadores sin nómina fija, a
filósofos recalcitrantes, a científicos sin beca y contemplar la obra de
artistas sin mecenas pagados por el erario público.
Cuando estoy en un grupo que habla de tonterías –lo que es
de lo más normal en estos últimos tiempos- (lo de chacharear, digo)- me alucino
del recuento de personajillos que están en nómina del acervo popular, una
incultura provocadora, desafiante, de mal gusto y, lo que es peor, ecuménica.
Cuando voy a la peluquería, hojeo y hasta a veces ojeo, las
revistas mal llamadas “del corazón”. (El corazón desvirtuado también,
prostituido a menesteres nada amorosos) Y esa visita más o menos mensual para arreglarme
los pelos, me lanza a la calle de mal humor casi siempre. Tardo como mínimo unas
horas en quitarme la sensación de haber vuelto a hacer el idiota por
interesarme en lo que la mayoría (abrumadora) de mis conciudadanos ingiere
cotidianamente y como compensación o penitencia me leo algún libraco de esos
que, a veces, no entiendo casi ni yo.
Vargas Llosa sabrá de lo que habla, y en cuanto lea su
ensayo, lo sabré yo también. Todos tenemos que tener referentes; de hecho,
todos los buscamos aquí o allá.
Yo también he asistido a alguna instalación en la Tate
Modern que me hizo sonrojar de vergüenza ajena. Yo también he pagado dinero por
presenciar una representación artística –ballet o teatro- que, bien
publicitada, era una ofensa directa al buen criterio e inteligencia del
espectador. Y yo también, porque leo la prensa por Internet, me tengo que tragar
titulares (con su fotografía incluida) en portada que aluden a personajillos
que me son desconocidos y cuyas “hazañas” que resultan patéticas.
¿Qué puñetas me aporta a mi desarrollo intelectual,
humanista o como ser humano saber que un tipo flaco se ha hecho una
liposucción? ¿Y que una mujer hermosa y famosa le puso los cuernos a su pareja
bello y famoso también? Eso sin contar las gestas deportivas sin par ni cuento.
Para leer una noticia/noticia a veces tengo que tirarme cinco minutos moviendo
el ratón hacia abajo…y no siempre la encuentro en portada, sino relegada,
escondida casi, entre la penumbra vacía y solitaria del apartado “cultural” correspondiente.
Gracias Mario por decir bien alto y bien claro lo que tantos
y tantos pensamos y no sirve de nada que llevemos años contándoselo a los
amigos. Ahora tengo que pagar 17,50€ por leer el ensayo que has escrito
recopilando experiencias pseudo-culturales de los últimos años. No me importa;
más he pagado en otras ocasiones a cambio de casi nada.
En fin.
LaAlquimista
Por si alguien desea contactar:


CREO QUE POSEES UN GRAN VALOR PARA QUERER VIVIR SIEMPRE CON LOS PIES EN LA TIERRA NAVEGANDO CON LA MANO EN EL TIMON EN ESTA CRUDA REALIDAD EN QUE VIVIMOS, PROCURAS UN ALIMENTO INTELECTUAL QUE NO SIEMPRE ENCUENTRAS EN LO COTIDIANO, NO SIEMPRE SE TIENE LA RAZON AUNQUE ASI SEA
ResponderEliminarAh, pues gracias. En cuanto a lo de tener siempre la razón, menudo aburrimiento ¿no?
ResponderEliminarSalud y república.
Alqui.