Es característica del ser humano
una cierta inquietud por conocer el final de las cosas, como si sabiendo su
duración se pudiese controlar de alguna manera el curso de los acontecimientos.
Al leer un libro, por poner un ejemplo sencillo, uno toma conciencia de si
hemos llegado ya a la mitad y, si nos está siendo especialmente grata la
lectura, miramos con cierta pena cómo el volumen de páginas va disminuyendo. El
epílogo puede ser leído con una sonrisa de satisfacción.
Cuando niños ya aprendimos a hacer
esto al comernos un helado o las patatas fritas que acompañaban al filete.
Mirábamos con pena cómo iba desapareciendo en nuestra boca aquello que nos
producía deleite degustar y, aproximadamente hacia la mitad, el gozo comenzaba
a transformarse en pena. Pena porque se acababa, porque teníamos constancia
absoluta de que, irremisiblemente, se acababa.
Así la vida, nos ofrece su deleite
aunque no queramos echar cuentas de si ya nos hemos comido una cuarta parte o
andamos ya “in medias res”, hacia la mitad de las cosas. Pero aunque no
sepamos –afortunadamente- en qué momento se terminará nuestra particular
tragicomedia, sí somos conscientes de que nunca podrá superar cierto número de
páginas. Algunos llegarán a la extensión de “En busca del tiempo perdido” y a
otros les parecerá su vida un relato de Monterroso. Pero sea nuestra vida
confusa y prolija como quiso Proust o breve y concisa como gustaba el laureado
hondureño, no podemos sustraernos a la conciencia de haber sobrepasado con
creces “ese punto medio” que nos lanza hacia la recta final.
Hablo, obviamente, de una
reflexión realizada bajo el título de este blog, “A partir de los 50”, que nos aboca a disfrutar conscientemente de
cada instante del presente como irrepetible y quién sabe si con posibilidades
de futuro. El resto de las personas, los que todavía juegan a luchar con la
vida en los treinta o los cuarenta, tienen por delante la otra mitad del libro
por escribir. Me temo que no va a quedar más remedio que dedicarse a los
últimos capítulos con paciencia, amor y buena letra…
En fin.
LaAlquimista
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