No voy a decir nada que no sepamos ya –sobre todo las
mujeres-, pero me sigue llamando la atención la flagrante insidia con que nos
saludan desde sus anaqueles de diseño las tiendas de ropa destinadas a hacernos
creer que nos están dando duros a cuatro pesetas. Que yo no digo que no haya
gangas apreciables o despreciables entre los metros cúbicos de manufactura
textil que se desbordan en los comercios que son como el gobierno y la
oposición: dos de los grandes con distintos nombres y los mismos collares y el
resto pequeños comerciantes que a duras
penas le pueden hincar el diente al asunto. Supongo que puedes encontrar alguna
prenda estupenda, sin manchas de maquillaje o rouge, con todos los
botones en su sitio, sin hilachas aparentes y con las cremalleras en
funcionamiento con un descuento sustancial sobre lo que marcaba la etiqueta; no
lo discuto y quiero pensar que se puede obtener, pero lo que sí digo es que nos
están “vendiendo” unas rebajas con la brisa fresca de la primavera justo recién
empezado el invierno.
Porque a ver quién se resiste, claro, a comprarse la blusita
liviana de la “new collection” o la chaquetilla de punto fino para la primavera
que ya está en ciernes, ríase usted de los eslóganes de los grandes almacenes,
colocada con gusto y primor al lado de los montones informes de prendas feas –o
casi feas- sobrantes de “la temporada anterior”, como si de un mercadillo
dominical de pueblo se tratase. Que aparecen fardos llenos de prendas
impensablemente feas –y baratas- que nadie ha visto durante el otoño/invierno y
vienen con la etiqueta del precio en grande y/o fosforito para hacernos creer
que nos llevamos un chollo comprando por pocos euros lo que, supuestamente,
valía tres veces más en el albarán manipulado del director de marketing de
turno.
Pues las cosas no son así, de verdad que no. Que para
obtener buenos descuentos hay que irse al pequeño comercio, ése que trabaja con
márgenes de este mundo y no del espacio sideral, ése que vende el material a un
precio razonable y que, en rebajas, no puede dejarlo a un 70% de su p.v.p.
oficial. ¿Quiere eso decir que si un abrigo –por poner un ejemplo- cuya
etiqueta marca como precio original 395€ (ejemplo real) me lo están rebajando
la friolera de 276,50€? ¿Y todavía siguen ganando? Si Pitágoras no miente y
pago por él 118,50€ estoy manteniendo un negocio que se lleva márgenes de… (lo
dejo que soy de letras)
Y no estoy queriendo decir que las rebajas sean un timo, en
absoluto, que ayer mismo me compré unas Nike Excel Air Max auténticas –hechas
en Vietnam, rebajadas de su precio original de 101,50€ al sencillo y redondo
precio de 50€ del ala –cuyo costo original sitúo en los 9,95$ americanos
tirando por lo alto, pero en fin. Lo que quiero es decir las cosas claras para
que “piquemos” lo menos posible. Las rebajas ya no son lo que eran y, excepto
que le hayamos echado el ojo a algo anteriormente y comparemos ahora su precio
–y su calidad- y lo podamos adquirir, el resto –o casi todo el resto- son
artículos fabricados “ex profeso” para la campaña de rebajas y/o excedentes de
vaya usted a saber qué fabrica allende los mares y ubicada en lejanos países
exóticos donde no atan los perros con longanizas, como aquí…
Que seamos conscientes de que nos dan gato por liebre “low
cost” y como hay toda una psicosis colectiva que se encargan ellos mismos de
fomentar, la gente sale “de rebajas” como si fuera a la vendimia, con alegría
pero por necesidad. Y no es necesidad lo que nos mueve sino consumismo puro y
duro a fin de cuentas.
En fin.
LaAlquimista
Por si alguien quiere contactar:
Laalquimista99@hotmail.com



No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada